Retrasos en los puertos y aumento de los costes: la crisis del estrecho de Ormuz lastra las exportaciones de frutas y hortalizas.

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Las crecientes tensiones geopolíticas en torno al estrecho de Ormuz están volviendo a poner de relieve la fragilidad logística de la cadena de suministro internacional de frutas y hortalizas frescas. Este problema trasciende el sector energético y podría tener un impacto directo en la calidad del producto, los costes de transporte y la estabilidad general de las exportaciones agroalimentarias.

En efecto, en el comercio de frutas y verduras frescas, el tiempo es un factor crucial. Los retrasos en los puertos, la congestión o las desviaciones en las rutas de envío afectan de inmediato la vida útil de los productos, comprometiendo su consistencia, calidad comercial y durabilidad. Cada día adicional de tránsito puede traducirse en un mayor desperdicio de alimentos y pérdidas económicas para productores y exportadores.

Según el informe, las tensiones en la región de Ormuz están ejerciendo presión sobre todo el sistema logístico mundial, afectando la disponibilidad de buques frigoríficos, aumentando los costes de transporte y la planificación de campañas comerciales, especialmente en segmentos donde la rapidez y la eficiencia son esenciales.

Ya se observan dificultades operativas en varios corredores de exportación de frutas y hortalizas. En Sudáfrica, por ejemplo, algunos contenedores refrigerados tardan entre diez y catorce días en salir del puerto de Ciudad del Cabo, en comparación con los cuatro días habituales. Esta situación se ve agravada por el mal tiempo y la congestión portuaria, lo que ha provocado la acumulación de fruta en cámaras frigoríficas y ha ralentizado los flujos comerciales.

Perú también enfrenta desafíos similares en los puertos europeos, particularmente en Rotterdam, donde las demoras afectan productos altamente sensibles como los arándanos y las uvas de mesa. Los operadores logísticos también informan que algunos desvíos de rutas marítimas están añadiendo hasta diez días adicionales a los envíos refrigerados, lo que exige nuevas estrategias para preservar la calidad del producto durante el trayecto.

Entre las categorías más vulnerables se encuentran las uvas de mesa y las bayas, dos segmentos con alto valor comercial pero extremadamente sensibles a los retrasos logísticos. La pérdida de agua, la deshidratación, la disminución de la firmeza y el riesgo de deterioro pueden acelerarse rápidamente cuando la cadena de suministro pierde estabilidad.

Según el documento, el simple mantenimiento de la cadena de frío ya no basta para garantizar la calidad comercial de la fruta. Por ello, el sector está reforzando los programas de poscosecha con tecnologías capaces de proteger la frescura, la textura y la vida útil, incluso en situaciones caracterizadas por tiempos de tránsito impredecibles.

Incluso los cítricos y las manzanas, a pesar de su mayor vida útil, no son inmunes a los efectos de la congestión portuaria. Las demoras prolongadas pueden reducir la frescura del producto, aumentar el riesgo de alteraciones fisiológicas y acortar su vida útil en destino, lo que supone una presión financiera adicional para exportadores, importadores y minoristas.

El contexto internacional está transformando la gestión poscosecha en una cuestión cada vez más estratégica. La geopolítica, la congestión portuaria, el cambio climático y las modificaciones en las rutas marítimas están convirtiendo la incertidumbre logística en un componente estructural del comercio mundial de frutas y hortalizas frescas.

Según AgroFresh, empresa especializada en tecnologías postcosecha, el sector está entrando en una nueva fase en la que la conservación ya no es solo una herramienta técnica, sino una palanca para la gestión de riesgos y la protección del valor a lo largo de toda la cadena de suministro.

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