Aumentan las tensiones entre Ferrero y los exportadores turcos de avellanas, en una disputa que está afectando a los mercados mundiales de materias primas. Debido a una cosecha mermada por las heladas primaverales y la invasión de un insecto asiático apodado "Sputnik", la producción turca de avellanas —que normalmente representa alrededor de dos tercios de la producción mundial— se ha desplomado de más de 600 toneladas a menos de 500, llegando algunas estimaciones a situar la cifra en tan solo 300.
La escasez de oferta ha disparado los precios internacionales, casi duplicándose en tan solo unos meses: de 9 a 18 dólares por tonelada. Ante este aumento vertiginoso, Ferrero —que utiliza aproximadamente una cuarta parte de las avellanas del mundo para Nutella, Ferrero Rocher y otras marcas— ha decidido suspender temporalmente las compras a Turquía, uno de sus principales proveedores históricos.
La decisión, según se informó Financial TimesLa noticia ha sacudido al sector: muchos minoristas turcos están acumulando existencias, convencidos de que la empresa con sede en Alba pronto se verá obligada a dar marcha atrás. Pero desde la sede central de Piamonte llega un mensaje claro: «Tenemos suficiente stock para todo el año y no tenemos prisa por reabastecernos», declaró Marco Botta, director general de Ferrero Avellana.
El grupo piamontés, que desde hace veinte años aplica una estrategia de diversificación geográfica de sus suministros, cuenta con plantas de producción en Chile, Estados Unidos, Serbia e Italia, establecidas específicamente para reducir su dependencia del mercado turco. Esta visión de futuro está demostrando ser crucial para mantener la estabilidad de la cadena de suministro.
Las heladas y las plagas han afectado gravemente a las plantaciones de la costa del Mar Negro, donde se cultiva la mayor parte de la producción agrícola. El resultado es una crisis que perjudica a miles de pequeños productores turcos y genera inquietud entre los operadores financieros internacionales, que prevén nuevas subidas de precios.
Sin embargo, Ferrero no parece dispuesto a ceder ante el chantaje del mercado. «Cada uno juega a su manera», comentó Botta, «pero nosotros estamos dispuestos a esperar. Quien quiera vendernos avellanas tendrá que ser paciente». Un mensaje que suena a advertencia para toda la industria: Nutella no es una amenaza.



















