Salario mínimo en Colombia: el shock que puede borrar hasta el 50% del EBITDA del retail

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En estos días me encuentro en Colombia por motivos profesionales, en contacto directo con los principales actores del sector. En particular, he podido percibir con claridad cuál es hoy el tema más relevante y urgente para el mercado.
El foco está, sin duda, en la reciente reforma laboral y, especialmente, en el fuerte incremento del salario mínimo, una medida que está generando un impacto inmediato en todo el sistema económico y, de forma muy particular, en el mass market retail.
Se trata de un cambio estructural que está redefiniendo los equilibrios del sector: por un lado, introduce una presión significativa sobre los costes operativos de las empresas; por otro, abre nuevas dinámicas en el comportamiento del consumo.

Comprender esta transformación no es solo un ejercicio de análisis, sino una necesidad estratégica para todos los operadores que trabajan, directa o indirectamente, en el ecosistema de la distribución moderna.

En este editorial les explicarè los efectos que tuvo la introducción de una medida muy debatida hace algunos años por un anterior Gobierno italiano, que consistía en una ayuda económica destinada a quienes vivían por debajo del umbral mínimo de ingresos —millones de personas, especialmente en el sur del país—, y lo que ha sucedido en España en los últimos años. Finalmente, propondré una comparación entre estos dos fenómenos y el escenario actual en Colombia.

El mass market retail colombiano está entrando en una fase de fuerte tensión estructural. El incremento del salario mínimo en 2026 —aproximadamente +23% respecto al año anterior— representa un shock inmediato para un sector que históricamente opera con márgenes extremadamente reducidos. Para el Gran Consumo el impacto es directo y significativo: el aumento del coste laboral se traduce en un incremento total que puede alcanzar el 25–30% del coste de personal, considerando también los efectos de ajuste interno entre niveles salariales. El problema más grave, de todas formas, no es el aumento en sí, sino su velocidad.

Aclaro el tema: en el mass market retail el coste laboral es una de las principales partidas operativas que llevan los utiles medios a un nivel entre el 2% y el 5% del facturado total. En este contexto, un incremento tan rápido genera el efecto de la compresión del EBITDA de hasta el 30–50% en el corto plazo. Se trata de una dinámica fisiológica: el sistema absorbe un aumento de costes inmediato, mientras que los beneficios por el lado de la demanda se manifiestan con mayor lentitud.

Por el otro lado, es verdad que el aumento del salario mínimo genera un incremento del poder adquisitivo en amplias capas de la población y aquí, en realidad, aparece un elemento clave: en mercados con renta media-baja, una parte relevante del incremento de ingresos se destina al consumo alimentario, que es la gran ventaja de este sector.

Entonces, vamos a analizar y contarles un paralelismo útil que fue el caso italiano: hace unos años, con la introducción del reddito di cittadinanza, se observó una reducción de la pobreza de millones de familias, especialmente en el sur del país, donde el peso del food en el presupuesto familiar es más elevado. El mecanismo fue claro: más renta disponible, mayor continuidad de compra, menor compresión del gasto alimentario. Seamos claros, no se trató de un boom del consumo, sino de una normalización y estabilización.

Una evolución similar se ha producido en estos años en España, donde el salario mínimo ha aumentado aproximadamente un 60%. Los resultados muestran un escenario complejo, porque, por cierto, se realizó un refuerzo de la capacidad de consumo Por cierto, hubo una mayor presión sobre sectores intensivos en mano de obra, pero el dato más relevante es que la economía española ha absorbido el incremento, a costa de una transformación estructural. Es decir, que las empresas más eficientes han reforzado su posición, pero las menos estructuradas han sufrido más el impacto.

Ahora, la comparación de Colombia con España es útil, pero no tan equivalente. En Colombia, por ejemplo, la productividad laboral media es inferior, así como el tejido empresarial está menos capitalizado con respecto al de España.
El mundo del mass market retail colombiano aún se encuentra en fase de evolución estructural, lo que vale la pena recordar. En los últimos años, el mercado ha experimentado un fuerte crecimiento, impulsado principalmente por un fenómeno: la sustitución progresiva del canal tradicional (normal trade), con cadenas como D1 o Ara, las cuales han basado su expansión aplicando precios altamente competitivos, surtidos reducidos y cumpliendo una fuerte propuesta de valor para el consumidor.

Sin embargo, esta evolución no siempre ha estado acompañada por un nivel equivalente de optimización en logística, gestión operativa y eficiencia estructural. Qué ocurre ahora, en el corto plazo, el escenario se presenta claro: habrá una reducción significativa de la rentabilidad de los retailers (EBITDA -30% / -50%), un incremento inmediato de costes, con un crecimiento de los ingresos que será más lento y progresivo.

En el medio plazo, se activará otro mecanismo que se llama redistribución del gasto, porque el aumento de ingresos en amplias capas de la población impulsará una mayor frecuencia de compra, una mayor estabilidad del consumo y una ampliación de la base de clientes del retail moderno.

Pero hay que aclarar un punto crucial: el retail colombiano no podrá seguir basándose únicamente en la expansión, logrando esta increíble sustitución del canal tradicional gracias a agresivas estrategias de precio. Será necesario entrar en una nueva fase que tendrá que dedicarse a una optimización estructural del modelo, que se traduce en una mayor eficiencia operativa, una racionalización logística y, en general, una mejor gestión de costes. En el lenguaje del mass market retail, esto se llama incremento de la productividad por metro cuadrado e incremento de la productividad laboral.

En conclusión, el aumento del salario mínimo no representa una crisis, sino una transición. En el corto plazo, el sector afrontará una fuerte presión sobre los márgenes, pero en el medio plazo se consolidará una demanda más amplia y estable. La diferencia la marcará la capacidad de adaptación: no se podrá solo crecer, sino ser más eficientes con una mejor gestión industrial del modelo.

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