Un continente dividido entre inflación y deflación: los nuevos riesgos para los precios alimentarios en 2026

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Este artículo fue elaborado por el equipo de Food Retail Italia, representante oficial de las ferias internacionales Cibus y TuttoFood Milán en América Latina.

En 2025 América Latina ha entrado en una fase de desinflación casi generalizada, aunque a dos velocidades, con un grupo de países que han logrado acercarse a los objetivos de inflación de sus bancos centrales y otros que continúan operando en regímenes de inflación elevada o excepcional. El escenario para 2026, según el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y el Banco Mundial, apunta a una continuación del proceso de convergencia, pero con un “último kilómetro” más lento, frágil y expuesto a shocks externos, en particular a la evolución del tipo de cambio, los flujos de capital y los precios de las materias primas, especialmente alimentos y energía.

Durante 2025, la inflación alimentaria ha mostrado comportamientos muy diferenciados dentro de la región. Perú se ha situado entre los casos más ordenados del ciclo desinflacionario, con la categoría de alimentos y bebidas no alcohólicas mostrando variaciones moderadas y un entorno de precios relativamente estable. Chile ha avanzado en la normalización tras los picos de años anteriores, con una inflación alimentaria cercana al 3,6% interanual en noviembre y un incremento acumulado del 4,5% en el año, compatible con un escenario de progresivo retorno a niveles históricos. México, por su parte, ha mantenido la inflación alimentaria en niveles contenidos, en torno al 2,6% interanual a finales de 2025, aunque con señales de ligera reactivación en el último tramo del año que reabren el debate sobre riesgos fiscales y comerciales de corto plazo.

Brasil presenta un perfil más complejo. Aunque la inflación de alimentos en el hogar se ha situado alrededor del 2,5% interanual, el contexto general sigue marcado por una inflación agregada cercana al 5%, expectativas aún por encima del objetivo y una política monetaria prudente ante la persistencia de presiones en servicios y salarios. En Colombia, la inflación alimentaria ha permanecido más elevada, con tasas superiores al 5% interanual en 2025, reflejando un proceso de ajuste más lento y una mayor sensibilidad a los costes logísticos y agrícolas.

El caso argentino es el más extremo y, al mismo tiempo, el más dinámico. El año 2025 ha estado marcado por una desaceleración muy intensa de la inflación tras los niveles excepcionales de 2024. A finales de año, la inflación alimentaria interanual se situaba en el entorno del 28–30%, todavía alta en términos absolutos, pero muy inferior a los máximos previos. En las estadísticas del FMI, la media anual sigue siendo elevada porque incorpora los primeros meses del ejercicio, aunque la tendencia es claramente descendente. En Ecuador, el comportamiento ha sido radicalmente distinto, con una ligera deflación alimentaria cercana al -0,4% interanual, coherente con un entorno macroeconómico de inflación muy baja, mientras que en Uruguay la inflación de alimentos se ha situado en torno al 5,2%, por encima del índice general pero lejos de los desequilibrios observados en otros mercados regionales.

De cara a 2026, la mayoría de países no cuenta con previsiones oficiales específicas para la inflación alimentaria, pero las orientaciones macroeconómicas permiten anticipar una continuación del proceso de moderación. El FMI prevé para Argentina una nueva caída significativa de la inflación hacia niveles de dos dígitos bajos, México debería converger hacia el 3% en la segunda mitad del año aunque con riesgos al alza en el corto plazo, y Brasil afrontará un proceso de desinflación lento e incompleto, con expectativas todavía por encima del objetivo. En Chile, Perú y Colombia el escenario central es de normalización gradual, siempre condicionada a la evolución del tipo de cambio y de las materias primas, mientras que Ecuador y Uruguay parten de una situación de mayor estabilidad relativa.

En conjunto, el escenario más probable para 2026 es el de una inflación alimentaria en retroceso en gran parte de América Latina, pero todavía vulnerable. La región seguirá expuesta a la volatilidad de los precios agrícolas y energéticos, a los movimientos del dólar y a las decisiones de política fiscal, factores que se trasladan con rapidez a los precios al consumidor. Para el retail alimentario y la gran distribución, este contexto implica un entorno menos inflacionario que en el pasado reciente, pero aún lejos de una normalidad plena, en el que la gestión del pricing, el desarrollo de la marca de distribuidor y la intensidad promocional seguirán siendo palancas estratégicas clave.

Nuevos riesgos para los precios alimentarios en 2026

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