Este artículo fue elaborado por el equipo de Food Retail Italia, empresa que opera llevando los mejores proveedores europeos a los retailers de Latinoamerica y es embajadora de las ferias internacionales Cibus y TuttoFood Milano en América Latina.
La guerra en Oriente Medio se está convirtiendo en una amenaza cada vez más seria para la estabilidad de los precios de los productos alimentarios a nivel global. La situación geopolítica no ha impactado directamente la producción agrícola europea: el trigo sigue produciéndose, el tomate continúa transformándose y el aceite de oliva no ha dejado de fluir. Sin embargo, el coste de hacerlo está cambiando.
La energía —base estructural de toda la industria alimentaria europea— se ha convertido en el principal motor inflacionario. A ello se suman el packaging, el transporte y la creciente incertidumbre logística a nivel global. El resultado es inmediato: los productores europeos están revisando sus estructuras de costes y se verán obligados a trasladar esta presión a los mercados internacionales.
Para los departamentos de compras de los grandes grupos latinoamericanos, el escenario que se abre ya no es teórico, sino plenamente operativo. Los aumentos de precios aparecen inevitables, y es probable que no se limiten a una única negociación anual. Los proveedores europeos tendrán que revisar sus precios con mayor frecuencia, con incrementos que, en muchos casos, se situarán entre el 5% y el 12% en el corto plazo.
Cabe señalar que no todas las categorías reaccionarán de la misma manera. Las más expuestas serán aquellas con alta intensidad energética y logística: el aceite de oliva —que combina una materia prima ya costosa con elevados costes industriales—, la pasta —afectada tanto por la energía como por el precio del trigo—, las conservas —con procesos productivos intensivos en energía—, y, finalmente, los productos de panadería y galletería, altamente dependientes de la energía y del packaging. Por el contrario, las categorías con menor componente industrial o con mayor valor percibido —como el vino o las especialidades premium— mostrarán una mayor resiliencia.
En este contexto, es necesaria una mayor madurez en la gestión. Resulta clave una planificación rigurosa de las compras, una gestión inteligente de los stocks y una estrategia de categoría bien definida. La industria europea y el retail internacional deben alinear sus cadenas de valor y colaborar de forma más estrecha. Se trata de una fase compleja que durará meses, no años. Es un reto superable, pero requiere organización, visión y disciplina.



















